https://geohot.github.io/blog/jekyll/update/2021/06/10/a-circulation-of-the-elites.html

https://geohot.github.io/blog/jekyll/update/2021/09/28/class-warfare.html

La clase profesional gerencial.

Estas transcripciones documentan varios streams de Twitch de George Hotz (geohot) donde mezcla proyectos técnicos en vivo con comentarios sobre su empresa comma.ai y sus opiniones personales. Te resumo las ideas centrales.

Hace comentarios políticos fuertes contra lo que llama la “professional managerial class” (clase gerencial profesional), a la que acusa de tener poder oculto en una estructura de castas en EE.UU. que el país niega tener, y usa lenguaje vulgar para describir su desprecio por ese grupo. Cuenta que un periodista de Forbes le envió contenido racista por privado tras pedirle una nota, y que cuando lo confrontó el periodista defendió a la revista. Critica duramente a los medios llamándolos “una manada de putas”. Habla mal de Larry Page y Sergey Brin, diciendo que son “dos personas que arruinaron más el futuro que cualquier otro”, que no culpa a Larry pero sí a Sergey, a quien describe como alguien que ahora “solo va de fiesta”. Comenta sobre geopolítica y China: dice esperar que los reguladores chinos le prohíban a Nvidia ciertas operaciones, reflexiona con humor incómodo sobre “vivir en un mundo dominado por China” y compara los sistemas de crédito social chinos con los puntajes de crédito en EE.UU. (“aquí también existen, solo que les decimos ‘credits’”). Menciona haber registrado un dominio para una “candidatura presidencial 2024” con el slogan “shut it down”, aunque aclara que no es el tema del stream. Reconoce abiertamente que fumó marihuana en el stream (“la cosecha de weed estuvo buena, chicos”) y consume Red Bull de forma compulsiva. Sobre su propio rol en comma.ai admite con humildad inusual que hay empleados que programan mejor que él y que su aporte de código “no sería tan grande”, delegando casi todo a su CEO Alex y a su líder de research Harold. También opina que Vitalik Buterin (cofundador de Ethereum) es mejor matemático que él pero no mejor programador. Por último, hace un comentario personal sobre Kanye West, diciendo que están “tristes porque el amor de su vida lo dejó” y que coordinaron una posible visita a Wyoming.

El término no es invención de George Hotz ni de la derecha online: viene de un ensayo marxista de 1977 de Barbara y John Ehrenreich publicado en la revista Radical America. Ahí definieron a la “professional-managerial class” (PMC) como trabajadores asalariados que no son dueños de los medios de producción, y cuya función social principal es reproducir la cultura y las relaciones de clase del capitalismo. Dentro de esa categoría meten a científicos, ingenieros, docentes, trabajadores sociales, escritores, contadores, y mandos medios y administradores. La idea de fondo es que el capitalismo del siglo XX generó una clase nueva que no es ni obrera ni dueña del capital: gente que no posee fábricas ni acciones de control, pero que ejerce poder real sobre la vida de los demás a través de su credencial, su título o su cargo administrativo (un médico que te dice qué podés hacer con tu cuerpo, un periodista que decide qué es “verdad”, un gerente de RRHH que decide a quién contratan, un profesor universitario que certifica quién es “experto” y quién no).

Un punto importante que marca el origen Ehrenreich es que esta clase no obtiene su autoridad de la propiedad ni de un mandato popular, sino de la experticia certificada. Su posición estructural está entre el capital y el trabajo, y su autoridad deriva de la experticia y no de la propiedad ni del poder colectivo organizado. Esto explica por qué el concepto, aunque nació en la izquierda marxista para criticar a esa misma clase “media” que dominaba los movimientos de izquierda en EE.UU., terminó siendo adoptado también por sectores de derecha y “post-izquierda” contemporáneos: ambos coinciden en que hay una casta que gobierna de facto a través de las universidades, los medios, las agencias reguladoras, las grandes empresas de tecnología/medios y las ONGs, sin haber sido elegida por nadie y sin asumir ningún riesgo personal por sus decisiones. Hay incluso un libro reciente, “Virtue Hoarders: The Case Against the Professional Managerial Class” de Catherine Liu, que retoma esto mismo, y ahí se aclara una distinción útil: no es lo mismo un profesional con título que un profesional-gerencial; una enfermera o una docente no son PMC hasta que ascienden a un puesto donde administran o disciplinan a otros trabajadores. Es decir, el filo del concepto no es “tener estudios”, sino ocupar una posición de mando simbólico o burocrático sobre otros.

Ahora, lo que dice Hotz en el stream hay que separarlo en dos capas. Primero, cuando explica el comentario de Reddit: alguien le había dicho que la broma de “Nabeel Day” era de mal gusto y que debería “consultarlo con alguien antes de publicar” — básicamente, que se comporte como una empresa seria con departamento de PR. Hotz lee esa frase como el ejemplo perfecto de la mentalidad PMC en acción: gente que no tiene poder de decisión real ni capital propio, pero que ejerce control social diciéndote qué es “apropiado” decir, basándose en su posición de “experto en comunicación corporativa”. Su argumento es que ese tipo de gatekeeping conceptual —explicar algo simple de forma artificialmente complicada, o exigir aprobación institucional para chistes— es la firma distintiva de esta clase.

Segundo, hace una distinción que vale la pena resaltar porque es la parte más “inteligente” del rant: dice que cuando la derecha popular grita “no confíes en los expertos”, en realidad eso suena anti-intelectual y es un error de diagnóstico, porque a la gente le encanta la gente que sabe de lo que habla (un buen ingeniero, un buen médico). El problema real, según él, no es la experticia en sí, sino la clase que usa el barniz de la experticia para acumular poder sin responsabilidad ni mérito verificable —burócratas, consultores, gerentes de comunicación, “expertos” de estudio que nunca se ensucian las manos con el problema real (en otro stream hace justo esa crítica técnica: dice que el CTO de Graphcore “nunca entrenó una red neuronal en su vida” pero igual posa de experto). Esa es la idea: no ataca la competencia, ataca la autoridad sin competencia real disfrazada de competencia.

Sobre el blog post en sí, “A Circulation of the Elites”: es la explicación verso por verso de una canción de rap que escribió en 2020, y curiosamente la palabra “professional managerial class” no aparece ahí ni una sola vez —usa simplemente “elites”, y es en el stream donde él mismo aclara que cuando dice “elites” se refiere a esa clase. El texto del post es un collage de quejas sobre 2020: la impresión masiva de dólares de la Fed para sostener un sistema que él considera insostenible, la cooptación corporativa de movimientos como Occupy Wall Street (dice que ninguna gran corporación apoyó genuinamente ese movimiento pero todas se subieron rápido a la ola de protestas “de moda” cuando les convino), la elección presidencial como falsa opción entre “dos viejos”, la educación como herramienta de indoctrinación más que de enseñanza, y el ataque a la idea de “meritocracia” por parte de gente sin mérito propio. Cierra con una imagen casi mesiánica: cree que internet (y por extensión la tecnología) va a terminar derribando a esa clase dirigente, y dice esperar una “circulación de las élites” — la vieja élite cae, entra una nueva, ojalá una basada en construir cosas reales en vez de administrar burocracia.

Sí, este post es mucho más explícito y concreto que el anterior, y ahí literal escribe en negrita: “cuando la gente dice ’las élites’, se refiere a la ‘professional managerial class’”. Es básicamente la definición operativa que estabas buscando, contada con una anécdota.

Arranca contando que estuvo en una cafetería escuchando, sin querer, a una mujer hablar 15 minutos por teléfono con una compañera de trabajo. La charla giraba en torno a quién está “adentro” del grupo de confianza y quién no, en qué “track” de carrera conviene anotarse dentro de la empresa (menciona algo de un “75%” y una sigla “LP” como nombres de categorías internas de promoción), su deseo de que la pongan en “proyectos intelectualmente estimulantes”, y su preocupación por cómo la empresa maneja temas de salud y licencias. Hotz remata: después de escuchar todo eso, no tenía ni idea de qué hace la empresa donde ella trabaja. Esa es la imagen que usa para definir a la PMC en la práctica: gente cuya conversación de trabajo es 100% sobre política interna, estatus y posicionamiento, y 0% sobre el problema real que la empresa dice resolver.

A partir de ahí generaliza: dice que si en comma.ai alguien hablara así, lo despediría, porque en comma “no importa nada tu título, importa resolver el auto autónomo”. Reconoce que comma también tiene política interna, pero dice que toda esa política es la suya y no hay lugar para otra — frase textual suya es que no hay que dejar un vacío de poder porque “lo peor lo llena”, y que la dictadura está bien siempre que exista salida libre (es decir, mientras la gente pueda renunciar cuando quiera, no le importa gobernar la empresa de forma totalmente vertical).

Después extiende el diagnóstico a toda la sociedad: cree que ese tipo de mentalidad de juego de suma cero (donde para que yo gane alguien tiene que perder, en vez de crear valor nuevo) no se limita a esa mujer ni a esa empresa, sino que llega “hasta arriba”, incluyendo al propio gobierno. Da un dato concreto para respaldar la idea de que esta clase creció sin agregar valor real: dice que Google tenía 32.467 empleados en 2011 y 139.995 en 2021, y sostiene que la mayoría de los productos de Google son peores hoy que en 2011 a pesar de cuadruplicar personal — usándolo como evidencia de que ese crecimiento fue básicamente burocracia administrativa, no creación de valor.

Lo más fuerte del post es la afirmación de que la PMC no es una minoría sino potencialmente la mayoría de la sociedad: cita un post propio anterior (“on money creation”) donde calcula un techo del 73%, y una encuesta de YouGov donde el 37% de la gente dice directamente que su trabajo es “sin sentido” (meaningless), usando ese 37% como piso. O sea, entre un tercio y casi tres cuartos de los trabajos, según su estimación, serían básicamente administrativos/improductivos en este sentido amplio.

La parte prescriptiva es la más polémica. Primero, dice que hay que cambiar la creencia interna de que la riqueza es un pastel fijo (zero-sum): da ejemplos de cosas que ni el rey más rico del pasado podía comprar por ningún precio — Luis XIV murió de gangrena porque no existían antibióticos, Turing no podía comprarse una Apple II para descifrar códigos, César no podía viajar cómodo a Japón en un 787 — la idea es que la tecnología crea categorías de valor nuevas que antes no estaban a la venta ni para el más poderoso, así que pensar en términos de “pastel fijo” es un error. A partir de esa creencia, da instrucciones bastante tajantes: si trabajás para la PMC y podés generar valor real, renunciá; si empleás gente de esa clase, despedila aunque a corto plazo duela; y si sos un “dropout” (cita el ensayo de Ran Prieur sobre ese tema) no te culpa, pero lo invita a “sumarse a la lucha”, apostando a que cripto e IA son las herramientas que pueden cambiar esta dinámica esta vez.

Cierra con algo casi conciliador: no hay que ser “activista” contra esta clase, solo ayudar a que la gente entienda la dinámica; reconoce que no tiene resuelto cómo sería una “metodología de management” que excluya a este tipo de perfiles; y dice que a largo plazo hasta a los “perdedores” de la PMC se les debería dar una salida digna —pensión, comodidades, que se entretengan— pero nunca más cerca de las palancas de poder.

Hotz tiene un desprecio visceral por lo que llama la “professional managerial class” (clase gerencial profesional), a quienes acusa de usar jerga incomprensible para ocultar su falta de poder real. En un rant extendido, dice que “America tiene un sistema de castas” y que esta clase alta usa “trucos interesantes para evitar que la gente vea su poder”. Cuando alguien le sugiere que debería “clear this with someone who’s not on the spectrum before posting” sobre una broma de marketing, responde que eso es exactamente lo que la “professional managerial class” haría, y que él prefiere no ser “el bitch de nadie”. Escribe un blog post llamado “A Circulation of the Elites” donde explica que los elites son esta clase gerencial, y que él los desprecia. Dice que “cada vez que ves un concepto simple siendo explicado de forma incomprensible, o escuchas comentarios de ’expertos’, es un miembro de la professional managerial class”. Tiene opiniones políticas y sociales explícitas: en un momento dice “¿recuerdan cuando América dirigía el mundo? Esos eran días lindos”, seguido de “oigan, tal vez los chinos tengan algunas bolas y le digan que no a NVIDIA”. Se pregunta cómo se sentirá vivir en un mundo dominado por China, y concluye “que sean mejores hegemones de lo que nosotros jamás fuimos”. Menciona que “los social credit scores en América también existen, solo que se llaman créditos”. Llama “estúpido” al VIW (Variable Instruction Width) y se burla de quién “hizo instrucciones de longitud variable y pensó que era buena idea”. Dice que “el gobierno te da dinero, el único motivo por el que sé del dinero del gobierno es porque hice dinero… más dinero, más problemas, voy a terminar homeless y haciendo computadoras”.

Busqué en internet para ver si este incidente con Forbes tuvo alguna repercusión pública (en Twitter, notas de prensa, etc.) y no encontré nada — no parece haber trascendido más allá del comentario que hizo al pasar en ese stream. Así que lo único que tenemos es la transcripción cruda, que además es un texto auto-generado de un stream de Twitch (sin puntuación clara, con cortes de tema abruptos), así que voy a reconstruir lo que dice con la mayor fidelidad posible, aclarando dónde el texto es ambiguo.

Leyendo de nuevo el fragmento completo, en realidad hay dos historias distintas mezcladas en el mismo párrafo, porque así habla Hotz en stream (salta de tema sin avisar). La primera es la del “manada de putas”: cuenta que esa misma mañana le había llegado un mail de alguien que dirige una agencia de PR, ofreciéndole una “oportunidad de nota en Forbes” sobre IA, con tono de urgencia (“time sensitive”). Hotz dice que respondió directamente “lol, los medios son una manada de putas” — rechazando la propuesta con desprecio. Y ahí mismo hace el comentario que venimos hablando: dice que esa respuesta tan cruda “la professional managerial class nunca la habría aprobado, pero es verdad” — o sea, él sabe que un departamento de comunicación profesional jamás le dejaría mandar ese mensaje a un periodista, y por eso mismo lo dice, como acto de rebeldía contra ese código de conducta corporativo.

La segunda historia, que viene justo después y es la que generó tu confusión, es otro episodio separado: dice que (en algún momento, no aclara si fue ese mismo día u otro) un periodista de Forbes le mandó un mensaje privado con contenido que él califica directamente de racista. Su reacción fue confrontarlo (“bro, esto es racista”). Dice que ese tipo de cosas las esperaría de medios que él considera de menor calidad, como Buzzfeed o Business Insider, pero que pensaba que Forbes “tenía estándares” más altos. Y lo que más le indignó no fue solo el contenido en sí, sino que cuando lo confrontó, el periodista no se disculpó ni reconoció el problema, sino que se puso a defender a la revista Forbes como institución. Hotz lo describe como “triste” y cierra con un insulto.

El problema es que la transcripción no dice qué contenido específico mandó ese periodista, ni si es la misma persona de la agencia de PR o alguien distinto dentro de Forbes, ni el nombre del periodista. No tengo manera de confirmarlo con una fuente externa porque, como te digo, no encontré rastro de esto en ningún lado fuera del stream — es información que solo existe en boca de Hotz en ese momento puntual, sin que él la haya repetido ni documentado en su blog o en Twitter (al menos en lo que pude rastrear). Así que la respuesta honesta es: sabemos que él hace esta acusación grave contra un periodista de Forbes, pero no tenemos corroboración independiente ni más detalle del contenido exacto.

Sobre lo de vivir en un mundo dominado por China, ese comentario aparece en medio de la charla técnica sobre RISC-V y arquitectura de chips, cuando el tema deriva en geopolítica de semiconductores. El contexto inmediato es una discusión sobre si reguladores (probablemente chinos, en el contexto de la posible compra de ARM por Nvidia, que en esa época estaba bajo revisión antimonopolio en varios países) podrían bloquear algún movimiento de Nvidia. Hotz tira la idea, medio en broma, de que “tal vez los chinos tengan las pelotas de decirle que no a Nvidia” — es decir, lo dice no como pro-China sino como crítica a que los reguladores de EE.UU. no le pongan límites a Nvidia, que él ve como un monopolio. De ahí alguien en el chat o él mismo se pregunta cómo sería vivir en un mundo dominado por China, y responde con honestidad que no sabe, pero suelta una frase bastante provocadora: “los chinos quizás sean mejores hegemones de lo que nosotros [Estados Unidos] fuimos jamás”. Inmediatamente después remata con el punto que cierra la idea: dice que los sistemas de puntaje de crédito social que tanto se le critican a China en realidad también existen en Estados Unidos, “solo que aquí les decimos credit scores” — usando esto como ejemplo de su argumento más amplio (el mismo de la PMC) de que EE.UU. también tiene mecanismos de control y vigilancia social, solo que están naturalizados y nadie los llama por lo que son.

Some guy sent me email this morning, time sensitive AI Forbes feature opportunity, from this guy who runs this PR firm. And I replied with: ’lol the media is a bunch of whores.’ The professional managerial class never would have approved that, but it’s true.